Los chinos usaban
un trocito de caña conteniendo una aguja magnética que se hacía flotar
sobre el agua, y así indicaba el norte magnético. Pero en ciertas
oportunidades no servía, pues necesitaba estar en aguas calmas, por lo
que fue perfeccionada por los italianos.
El fenómeno del
magnetismo se conocía; se sabía desde hacía mucho tiempo que un elemento
fino de hierro magnetizado señalaba hacia el norte, hay diversas
teorías sobre quién inventó la brújula. Ya en el siglo XII existían
brújulas rudimentarias. En 1269, Pietro Peregrino de Maricourt,
alquimista de la zona de Picardía, describió y dibujó en un documento,
una brújula con aguja fija (todavía sin la rosa de los vientos). Los
árabes se sintieron muy atraídos por este invento; la utilizaron
inmediatamente, y la hicieron conocer en todo Oriente.
La brújula
(de "buxula", cajita hecha de boj o boxus) es un instrumento magnético
que aparece descripto en La Divina Comedia de Dante, de la siguiente
manera: "Los navegantes tienen una brújula que en el medio tiene
enclavada con un perno, una ruedecilla de papel liviano que gira en
torno de dicho perno; dicha ruedecilla tiene muchas puntas y una de
ellas tiene pintada una estrella traspasada por una punta de aguja;
cuando los navegantes desean ver dónde está la tramontana, marcan dicha
punta con el imán."
Otros historiadores señalan que la primera
brújula de navegación práctica fue inventada por un armero de Positano
(Italia), Flavio Gioja, entre los siglos XIV y XV. Él fue quien la
perfeccionó suspendiendo la aguja sobre una púa de forma similar a la
que actualmente conserva. Y la encerró en una cajita con tapa de vidrio.
Más tarde apareció la "rosa de los vientos", un disco con marcas de
divisiones de grados y subdivisiones, que señalaba 32 direcciones
celestes, y que fue la brújula marina que se utilizó hasta fines del
siglo XIX.
Posteriormente se logró un nuevo avance, cuando el
físico inglés Sir William Thomson (Lord Kevin) logró independizar a este
instrumento, del movimiento del barco durante tempestades, y anuló los
efectos de las construcciones del barco sobre la brújula magnética.
Utilizó ocho hilos delgados de acero sujetos en la rosa de los vientos,
en lugar de una aguja pesada. Y era llenada con aceite para disminuir
las oscilaciones.
En los comienzos del siglo XX aparece la
brújula giroscópica o también llamada girocompás. Consiste en un
giróscopo, cuyo rotor gira alrededor de un eje horizontal paralelo al
eje de rotación de la tierra. Se le han agregado dispositivos que
corrigen la desviación, la velocidad y el rumbo; y en los
transatlánticos y buques suele estar conectado eléctricamente, a un
piloto automático. Este girocompás señala el norte verdadero, mientras
que la brújula magnética, justamente, señalaba el norte magnético.

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